Ir al contenido principal

Alma desnuda, Alfonsina Storni


Cinco poemas de Alfonsina Storni
Alfonsina Storni


Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

Alma desnuda, Alfonsina Storni.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La vida es sueño (Fragmento), Pedro Calderón de la Barca

Pedro Calderón de la Barca Es verdad, pues: reprimamos esta fiera condición, esta furia, esta ambición, por si alguna vez soñamos. Y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar; y la experiencia me enseña, que el hombre que vive, sueña lo que es, hasta despertar. Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe y en cenizas le convierte la muerte (¡desdicha fuerte!): ¡que hay quien intente reinar viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte! Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende. Yo sueño que estoy aquí, destas prisiones cargado; y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qu...

Huerta Escolar Yopo Güeta Suacha. Del aula de clase a la tierra, Jessica Huertas

Huerta Escolar Yopo Güeta Suacha: Del aula de clase a la tierra. Una experiencia educativa interdisciplinar, sustentable e intercultural. Escrito por: Jessica Huertas   “Mucha gente pequeña En lugares pequeños Haciendo cosas pequeñas Puede cambiar el mundo” -  Eduardo Galeano, El libro de los abrazos Introducción Hoy en día, ante una humanidad cada vez más inmersa en las lógicas universales y globalizadas del sistema/mundo, con su carácter deshumanizador, individualizante y carente de todo tipo de vínculos de camaradería, de reciprocidad, de colectividad; los retos a los que se enfrentan y deben asumir con gran responsabilidad los maestros y maestras, son evidentemente abismales.  Frente a este panorama, la escuela juega un papel trascendental en nuestras sociedades que depende notablemente de la relación que establezca con las comunidades, o, por el contrario, con el sistema dominante, competitivo y mercantil vigente. Así, “frente a la ...

Memento mori, Valentina Patarroyo

Cuento  Autora: Valentina Patarroyo Memento mori Las llantas del bus avanzan lento, con cautela, sin afán; dentro de él hay pocos pasajeros, están cansados, fatigados, desmotivados y un silencio ensordecedor los gobierna con supremacía.  Mira a través del vidrio, la cuidad es una jungla de concreto, inamovible en su perfección va encendiendo pequeñas luces amarillas, miles de ellas; y entonces allí están, su amada que tendida en brazos deja derramar de su pecho perforado pequeños lagos de sangre que buscan fervientemente tocar el asfalto mojado, siente gran incapacidad de expresar alguna palabra pero sus sutiles suspiros emiten un particular olor a miel; lo observa a él, quien empieza a derramar un manantial de lagrimones por su rostro, que terminarían empapando sus cuerpos de suplicio, de dolor.  Con fuertes gemidos le suplica a la muerte que se aleje, que se marche de una vez por todas, y su amada, con tranquilidad inefable cierra sin afán sus ojo...